Esta semana se comentó que Mark Zuckerberg estaría considerando mudarse a Florida. El motivo, ese Estado no tiene impuesto estatal a la renta, mientras que California mantiene una de las cargas fiscales más altas de Estados Unidos.
El creador de Meta no sería el primero en tomar decisiones de residencia pensando en su carga fiscal. Eduardo Saverin, cocreador de Facebook y hoy socio en B Capital, se mudó hace años a Singapur antes de la salida a bolsa, en un movimiento ampliamente interpretado como estratégico desde el punto de vista tributario. Más recientemente, Larry Page, cofundador de Google, ha adquirido propiedades en Florida en medio de debates sobre posibles impuestos adicionales a grandes fortunas en California. Y en 2023, Jeff Bezos anunció su mudanza de Seattle a Miami, decisión que coincidió con la venta de acciones de Amazon por miles de millones de dólares. El cambio implicaba dejar atrás el impuesto estatal que Washington comenzó a aplicar sobre ganancias de capital elevadas.
No importa cuánto tengas. Siempre vamos a querer pagar menos impuestos, es natural. Si generas ingresos, pagas impuestos.
Y si esos empresarios con fortunas millonarias analizan su estructura fiscal con lupa, con mayor razón debería hacerlo cualquier ciudadano o empresario.
Ahora llevémoslo a nuestra realidad. No se trata de mudarnos a paraísos fiscales; sino de no descuidar lo básico. Cuando este punto se ignora aparecen declaraciones fuera de plazo, retenciones mal aplicadas, multas por descuido o intereses que se acumulan por no haber planificado el flujo de caja.
Delegar en profesionales es correcto, pero la responsabilidad final siempre es tuya. Aunque a veces pensemos que ese porcentaje de nuestro trabajo que se lleva el Estado no se refleja en buenos servicios, la ley es la ley y el cumplimiento sigue siendo obligatorio.
Aunque a veces pensemos que ese porcentaje de nuestro trabajo que se lleva el Estado no se refleja en buenos servicios, la ley es la ley y el cumplimiento sigue siendo obligatorio.
Querer pagar menos impuestos es natural; evadir es un error que puede costar muy caro. La planificación tributaria es legal, estratégica y responsable. Implica conocer las reglas, aprovechar deducciones permitidas, estructurar bien la empresa y cumplir con los calendarios.
Ser cumplido en las obligaciones fiscales construye reputación, facilita acceso a crédito y genera tranquilidad. Permite tomar decisiones sin el peso de una contingencia inesperada. La gestión tributaria no es un tema menor. Sin importar el tamaño del patrimonio, todos pagamos impuestos. La diferencia está en hacer eficiente esa carga.
Y en finanzas, la estrategia siempre termina marcando la diferencia.
Con gratitud y dedicación.
FD