Esta semana tuve varias conversaciones con empresarios que terminaron en el mismo punto; “Qué cantidad de impuestos pagamos en Ecuador”. Por la época, las reformas o simplemente el cansancio general, todos tenían algo que decir.
Un amigo estaba indignado porque justo ese día su empresa pagó el anticipo sobre utilidades acumuladas. Tenía una incomodidad comprensible y la sensación de que siempre aparece un cobro nuevo.
En otra situación, una clienta me confesaba que cuando les escribo al chat, piensan que es para avisarles de una nueva reforma que conlleva un pago. Nos reímos, pero esa pequeña reacción dice mucho. En un entorno donde el sistema tributario cambia cada tanto, cualquier mensaje del asesor se interpreta como una alerta. Uno termina llevando esas noticias incómodas y la gente carga esa frustración.
Y precisamente en esta semana conversé con un colega que ejerció un alto cargo en el SRi, me explicó la lógica desde la perspectiva de esa entidad... claro que no me convenció.
Este año, en Ecuador, las novedades tributarias han venido una tras otra. El Estado busca recaudar, pero del lado del empresario se siente un peso constante. Lo que más se comenta no es el impuesto en sí, sino la sensación de que poco o nada se refleja en servicios, infraestructura o seguridad. Es difícil no pensar que se paga mucho para recibir poco, porque gran parte de lo recaudado sostiene una maquinaria estatal enorme, con sueldos que no generan valor agregado. El empresario siente que sostiene el sistema completo y que, además, debe cargar con trámites, contingencias y nuevas obligaciones.
Todos entendemos que los impuestos son inevitables; así opera cualquier país organizado. No es un tema de ideologías, sino de reconocer que todo sistema necesita recursos para funcionar. Pero seamos honestos; a nadie le molestaría pagar menos impuestos. Esa incomodidad es universal, desde el emprendedor que lucha por cuadrar el mes hasta el empresario más grande. El mismo Jeff Bezos, con toda su fortuna, decidió mudarse a Florida el año pasado para reducir su carga tributaria. No fue un capricho, fue una decisión financiera lógica. Al final, cuando los impuestos empiezan a apretar más de la cuenta, incluso los más poderosos buscan respirar un poco.
El mismo Jeff Bezos, con toda su fortuna, decidió mudarse a Florida el año pasado para reducir su carga tributaria. No fue un capricho, fue una decisión financiera lógica.
Lo positivo de todo esto es que obliga al empresario a volverse más creativo. La presión lo lleva a buscar maneras de ser más productivo, de generar mayores ingresos y de sostener su operación a pesar de los obstáculos. En Ecuador, el empresario se ha hecho recursivo por necesidad, encontrando soluciones donde otros solo ven limitaciones, y esforzándose por seguir generando empleo aun cuando el entorno no siempre juega a favor.
Con gratitud y dedicación.
FD